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4 de marzo de 2012

La cuaresma es también una oportunidad de invertir

Mensaje Oficial de la Cuaresma 2011
Pbro. Fernando Hernández Barboza
En estos tiempos nos hemos vuelto altamente dependientes de la tecnología. Un caso concreto, de la telefonía móvil. Es una maravillosa invención la del celular, bien equipado con Internet, aplicaciones de todo tipo que simplifican nuestras tareas y llenan los ratos de ocio con diversión sin límites. Este aparato es ya tan importante que se ha convertido en nuestro fiel compañero, aquel que no podemos dejar y que nos molesta tener que apagar en una reunión, o que cargamos en nuestras vacaciones; es más es al único que le permitimos interrumpa nuestro merecido  descanso, e inclusive la Santa Misa del Domingo. A tal punto llega nuestra relación con él, que aún en plena Consagración le atendemos porque nos parece una infidelidad y grosería no hacerlo, aunque estemos delante del mismo Jesús Sacramentado. No me malinterpreten, debemos sacar provecho de las cosas buenas que también nos puede proporcionar. ¡Sabe Dios cuántas emergencias pueden solventase por tener un aparato de estos!

En beneficio de las cosas buenas que provee, les comparto un mensaje que recibí en mi apreciado teléfono móvil. Este me invitaba a invertir en mi propia persona, a no ser que yo fuera una mala inversión. Reflexionando sobre el mensaje el pasado Miércoles de Ceniza, y a propósito de la Cuaresma, tiempo en el que la Iglesia nos motiva a vivir un tiempo de gracia y conversión, saltó esta idea que me gustaría se convirtiera en un objetivo para todos. ¡Qué bueno sería sacar un tiempo como lo hizo Jesús en el desierto, y meditar sobre como debemos vivir nuestra vida y en que debemos invertirla!

En general, las personas invierten cada vez más en cosas tan superficiales con altos costos, y grandes frustraciones para quienes no tienen la posibilidad de obtenerlas. El excesivo trabajo para ganar dinero, los pensamientos de corrupción que rondan las mentes de algunos cuando no alcanzan sus propósitos, genera desestabilidad en el interior del ser humano. No hay tiempo para la familia, no logramos darle lo que creemos se merece y esto nos altera, desequilibra, enoja, nos quita el sueño y nos hace tomar pastillas para tranquilizarnos. Nos aleja de la fe en Dios, y quien sabe cuantas cosas más.
¿Qué es lo que realmente vale para que invirtamos en ello? Esta es la pregunta que les propongo nos hagamos en este tiempo de cuaresma. Quizá deba dejar todas aquellas inversiones que solo han traído malas experiencias dolor y sufrimiento a mi y a mi familia, e invertir en una vida más espiritual que me acerque a Dios desde la oración. Que me aleje de todos mis vicios y pecados, iniciar un nuevo camino de conversión y  encuentro con Cristo,  para que Él devuelva la paz a mi espíritu, la alegría verdadera a mi familia y me comprometa con el prójimo.

Sin duda, todo esto nos lo proporciona la Iglesia durante este tiempo para que, acercándonos a cada Eucaristía, a la confesión de nuestros pecados en la Liturgia Penitencial y otras actividades propias de la Cuaresma, tengamos la oportunidad de vivir y crecer.

Invirtamos no en lo material sino en lo espiritual, e invitemos a otros a hacerlo. Como Parroquia activa y caminante hacia Dios, invirtamos en un estilo de vida basado en los valores cristianos que Jesús nos enseñó.



Para aprovechar mucho más este mensaje, le invitamos a escuchar la homilía pronunciada por el Padre Fernando en la Eucaristía del Miércoles de Ceniza.

 Homilía Eucaristía Miércoles de Ceniza 22 de febrero, 2011. 7 p.m.


12 de febrero de 2012

Nuestra Parroquia rumbo a la Misión

Aunque los cristianos deberíamos vivir en misión permanente y no bajar la guardia, lo cierto es que hace mucho que la mayoría de los laicos principalmente citadinos, tenemos la injustificada creencia de que se debe misionar solo en los lugares muy alejados de las grandes ciudades.

Es así que de la gran reunión del clero de América Latina en Aparecida, Brasil en el 2007 se lanzó la Misión Continental.

Esta es según la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe el deber de la Iglesia de dar a conocer el Evangelio que Cristo mismo mandó a predicar a los apóstoles. Su objetivo es abrirse al impulso del Espíritu Santo para promover así la acción misionera de la Iglesia latinoamericana mediante la misión continental.

La Iglesia desea fomentar la formación kerigmática siguiendo las orientaciones del Documento Conclusivo de Aparecida, impulsar la acción misionera, promover la conversión personal y pastoral de los agentes de pastorales y evangelizadores; lograr que las comunidades, organizaciones, asociaciones y movimientos eclesiales se pongan en estado de misión permanente, llegando -según Aparecida- hasta los lugares mas alejados de la Iglesia, los indiferentes y no creyentes.

La Parroquia San Rafael Arcángel está incluida en todo este gran proyecto y sobre el conversamos con el Padre Fernando Hernández, nuestro párroco. Por cierto, el Obispo le nombró coordinador para la Vicaría de una de las áreas preparatorias de la Misión llamada Arco de la Vida.

Escuche la entrevista completa con el Padre Fernando, sobre la Misión y además, los resultados de la Encerrona Parroquial que se realizara a principios de este año.

Entrevista Padre Fernando

1 de septiembre de 2011

Para no convertirnos en mercaderes del Templo


Por. Pbro. Fernando Hernández Barboza
Párroco

En el evangelio de San Juan, capítulo 2, versículos del 13 al 17, podemos leer el pasaje en el cual Jesús expulsa a los mercaderes del templo. Con el argumento:”no conviertan la casa de mi Padre en un mercado, pues la casa de mi Padre es casa de oración”, el Señor purifica el templo, que debe ser lugar de encuentro con Dios y por ninguna razón, sitio de comercio como si fuera un mercado.

Las fuertes palabras de Jesús, han venido dando vueltas en mi cabeza hace mucho tiempo. Y en sintonía con las opiniones de muchos feligreses que no consideran conveniente que después de un momento tan sagrado como la Santa Eucaristía, viene un manojo de avisos tales como: a la venta el Eco, hay empanadas, tortillas, arroz con leche y sopa en la fonda, no se olviden de la segunda colecta, compre números de la rifa y colabore con el reinado, entre otros.

Por supuesto, la Iglesia y mucho menos el sacerdote realizan estas actividades con fines de lucro o para bienestar personal, sino para recaudar fondos. Se necesitan recursos para sostener gastos de infraestructura, administración y de índole estrictamente pastoral.

La comunidad parroquial, está en la obligación de mantener el buen estado del templo, salones, casa cural, pagar salarios, pólizas, electricidad, agua, teléfono, manutención de sacerdotes, compra de hostias y vino,  flores, servicios de secretaría, ayuda a los más necesitados y evangelizar a niños, jóvenes y familias, entre otros muchísimos gastos más, y que al ser tan elevados, con la colecta del domingo no alcanza.

Es cierto que la responsabilidad de todos, es velar para que en nuestra Parroquia tengamos todo lo necesario para cumplir la misión de evangelizar. ¿Pero cómo lograr esto sin caer en la “anunciadera”? Es en este punto, donde pienso sin temor a equivocarme, que con una madurez cristiana, podemos ayudar a la Iglesia simplificando las cosas.

Un cristiano maduro sabe que en vez de dar dos limosnas en la Misa, lo correcto es entregar una ofrenda y en lugar de ventas y rifas todos los domingos, comprometerse a apoyar tres actividades grandes al año, debidamente planificadas. Lo ideal sería una ofrenda o diezmo de San Rafael, nuestro Santo Patrono, un gran bingo al año y la red de Padrinos y Madrinas.
De esta manera, nuestra Eucaristía como lo quiso Jesús en su tiempo, se purificaría de tanto aviso económico, y se conseguirían los recursos para cubrir todas las necesidades.

Les invito ahora a meditar y sobre todo a actuar. Somos corresponsables de mantener nuestra Iglesia.